domingo, marzo 01, 2015

Tesoro

Pues donde tengan ustedes su tesoro, allí estará también su corazón (Lucas 12:34)

¡Qué es lo que tiene usted en mayor estima? La respuesta sensata y “políticamente correcta” debería ser: Dios. Pero, siendo honestos con nosotros mismos, ¿esto es así?

Muchos de nosotros ponemos nuestro empeño en el negocio o en el empleo, argumentando que tenemos que ganarnos la vida, proveer para los nuestros o juntar dinero para el retiro. Trabajar no es malo, pero si ponemos el empeño de nuestro corazón en acumular dinero, vamos por una senda equivocada.

Hay quienes ponen su empeño en los deportes y gastan todo su tiempo libre en eventos deportivos, los hay quienes son fanáticos del cine o la televisión y pasan largas horas frente a una pantalla. Nuevamente, ver una película no es malo de por sí, a menos de que esté por encima de Dios.

Si dedicamos un tiempo razonable a estudiar la Palabra de Dios, a reflexionar sobre ella, a saborearla y ponemos empeño en seguirla, todas nuestras acciones reflejarán que nuestro tesoro es Dios. Si trabajamos, los compañeros percibirán ese brillo en nuestro carácter que sólo puede proporcionar Cristo en nuestros corazones. Si asistimos a una reunión, o a un evento deportivo, asimismo la gente a nuestro alrededor notará que somos diferentes y nosotros estaremos listos para compartir.

Si nuestro tesoro es Cristo, nuestro esfuerzo lo reflejará. Si no es así, reflexione.

jueves, diciembre 18, 2014

Residencia

Que habite en ustedes la palabra de Cristo con toda su riqueza: instrúyanse y aconséjense unos a otros con toda sabiduría; canten salmos, himnos y canciones espirituales a Dios, con gratitud de corazón (Colosenses 3:16).

He aquí un consejo sabio: “Que habite en ustedes la palabra de Cristo con toda su riqueza…” ¿Qué involucra? Que necesitamos sacarle jugo a la palabra y para ello debemos leerla, estudiarla, reflexionar sobre ella, entender lo que implica seguirla, saborearla, disfrutarla, etc. No puede residir en nosotros algo que pasó volando un domingo en particular. Para que algo tome residencia, debemos permitirle la entrada, hacerla sentir a gusto y ofrecerle toda comodidad posible.

Un viejo proverbio dice: “no puedes impedir que los pájaros vuelen sobre tu cabeza, pero sí que hagan nido en ella.” Esto normalmente es asociado con los malos pensamientos y el pecado. Por ejemplo el adulterio no surge de improviso, sino que tuvo que anidar la idea de “no pasa nada,” “todos lo hacen,” o similares, primero. No por escuchar un caso de adulterio nos vamos a permitir concebir la posibilidad de realizarlo.

Respecto a la Palabra de Cristo es lo opuesto. Debemos dejar que anide en nuestras cabezas y no se quede en un simple revoloteo. Debemos hacer un lugar especial en nuestro corazón y atesorarla. El viejo proverbio es claro en el punto de que depende de nuestra voluntad qué ideas dejamos que residan en nosotros. Ahuyentemos al pecado y alojemos la Palabra. Y recuerde que sólo puede habitar en nosotros aquello en lo que reflexionamos. ¿En qué está pensando en estos días?


viernes, diciembre 05, 2014

Talento

El rey le contestó: 'Siervo malo, con tus propias palabras te voy a juzgar. ¿Así que sabías que soy muy exigente, que tomo lo que no deposité y cosecho lo que no sembré? (Lucas 19:22)

Quizás recuerde la historia: un hombre de la nobleza salió de su tierra para ir a ser coronado rey y antes de partir dejó dinero a sus siervos para que lo administraran. Al regresar pidió cuentas y recompensó a quienes reprodujeron el dinero. Uno de ellos le regresó la suma intacta y además trató de excusarse alegando que el hombre era muy exigente.

La historia intenta resaltar el hecho de que Dios nos ha dado cosas: dinero, bienes, talento, habilidades, etc., y que eventualmente llegará el momento en que tengamos que rendir cuentas de lo que hicimos en beneficio de Dios. Es importante que no cometamos los mismos errores que el siervo malo de la historia.

Primero, no hacer nada con lo que recibimos. Enterrar el dinero es equivalente a quedarnos callados si Dios nos dio la habilidad de predicar el Evangelio, a quedarnos cruzados de brazos si tenemos el talento para construir congregaciones, a cerrar los puños si somos capaces de escribir correos o artículos para el ministerio, a esconder nuestras carteras si hay que invertir en la obra de Dios. Segundo, tratar de culpar a Dios. Note en la historia que el rey no se defendió de los cargos que el siervo malo le imputó, pero aun así le exigió resultados. No importa cómo percibimos a Dios. Él no se va a presentar físicamente ante nosotros, no en esta tierra, y a pesar de ello debemos hacer algo con nuestro talento en favor del Reino. No cometa los errores del siervo malo, comience a usar su talento hoy.

jueves, agosto 07, 2014

Prudencia

Hasta un necio pasa por sabio si guarda silencio; se le considera prudente si cierra la boca (Proverbios 17:28).

¿Habrá visualizado el sabio Salomón los nuevos tiempos, estos en los que hablar por Facebook y Twitter es algo común? En ese sentido, ¿cerrar la boca implica también los mensajes de texto?

Acabo de leer la noticia de que algunos bromistas pusieron una foto de Steven Spielberg, el famoso director de Parque Jurásico, posando junto al cuerpo inerte del triceratops (quizás lo recuerde de la película: un triceratops enfermo tirado de costado). Los bromistas subieron la foto a las redes sociales y, aprovechando que tenía una pose al estilo de los cazadores, acusaron a Spielberg de “matar” animales inocentes. Lo sorprendente fue que muchas personas reaccionaron escribiendo que era un cazador inhumano y que ya no volverían a ver sus películas.

No es tan grave no saber que los dinosaurios están extintos desde hace millones de años, como el opinar de un tema del que no tiene uno idea. La prudencia de la que habla Salomón se refiere a eso. Por supuesto que podemos usar las redes sociales, por supuesto que podemos, e incluso debemos, comunicarnos con familiares y amigos. El problema es opinar, sin bases, sobre situaciones debatibles.


Ojalá tenga el deseo ferviente de hablar sobre el Evangelio. En ese sentido no cierre la boca. La sugerencia, en todo caso, es leer antes la Palabra, estudiarla, conocerla, a fin de que nuestras palabras sean sabias y tengan un efecto poderoso.

miércoles, agosto 06, 2014

Progreso

Lo que dice la Biblia:
Sé diligente en estos asuntos; entrégate de lleno a ellos, de modo que todos puedan ver que estás progresando (1 Timoteo 4:15).

En los deportes, cuando alguien destaca, por ejemplo ganando un torneo, es porque se ha entrenado y ha puesto diligencia en su disciplina. Sería por demás raro que alguien que jamás entrena al tenis, pudiera llegar a ser campeón de Wimbledon. Equipos de futbol que no entrenan, son eliminados a las primeras de cambio. Un clavadista olímpico no puede aspirar a una medalla si no ha pasado incontables horas practicando los diferentes tipos de clavados. Por supuesto que además se requiere de cierto grado de habilidad por parte del deportista.

Algo similar apreciamos en la carta a Timoteo. En ella Pablo está conminando a Timoteo a entrenar. Damos por sentado que Timoteo tiene la habilidad básica, en este caso el haber aceptado a Jesús como salvador. Igualmente, al convertirnos en seguidores de Jesús, nosotros contamos con lo fundamental… ¿para qué entonces entrenar?

Porque tenemos que dar testimonio al mundo. Unos versículos antes, Pablo le dice a Timoteo: “Que nadie te menosprecie por ser joven. Al contrario, que los creyentes vean en ti un ejemplo a seguir en la manera de hablar, en la conducta, y en amor, fe y pureza. En tanto que llego, dedícate a la lectura pública de las Escrituras, y a enseñar y animar a los hermanos” (1 Timoteo 4:12-13). Dios nos pide ser ejemplos y nos conmina a leer la Palabra y a enseñar y animar a la gente.

Quizás no podamos llegar a ser medallistas olímpicos, pero podemos entrenar para cumplir con una misión más eterna. Hagamos lo imposible por progresar en el Reino.


sábado, agosto 02, 2014

Dignos del Llamamiento

Por eso oramos constantemente por ustedes, para que nuestro Dios los considere dignos del llamamiento que les ha hecho, y por su poder perfeccione toda disposición al bien y toda obra que realicen por la fe (2 Tesalonicenses 1:11).

No sé si le ocurra a usted, pero ocasionalmente este versículo me perturba. Sobre todo me asaltan las siguientes preguntas: ¿Y si no soy digno del llamamiento? ¿Qué hay que hacer para ser digno? Soy honesto al decir que no siento tener la capacidad de Noé, quien construyó un arca en fe, o el coraje de David, quien derrotó él solo a un gigante y después venció en incontables batallas, o el espíritu de Moisés, quien conversaba con Dios y fue usado para liderar al pueblo de Israel y abrir las aguas del Mar Rojo, o el aplomo para superar las pruebas que tuvo Abraham. ¿Cómo entonces voy a ser digno del llamamiento?

Hoy no existen batallas que ganar (al menos alrededor nuestro afortunadamente), como cuando Josué conquistó Canaan, no existen muros o templos derribados que restaurar, como hicieron Nehemías y Esdras, no está en nuestras manos proteger a un pueblo, como les tocó a Esther y Mardoqueo, no estamos en el exilio para mostrar la valentía de Sadrac, Mesac y Abednego. Entonces… ¿qué podemos hacer para ser dignos?

La respuesta está en el mismo versículo: “…por su poder perfeccione toda disposición…” Ninguno de los mencionados hubiera podido hacer nada sin el poder de Dios detrás. Moisés no abrió el Mar Rojo, Dios lo hizo a través de la fe de Moisés. Esa es la clave, acercarnos a él, mostrar nuestra disposición al bien y dejar que él obre. Él nos dirá en qué quiere que lo apoyemos y tengamos la seguridad que aunque parezca algo simple, será parte importante de su plan. Hablar a un vecino, orar un miércoles por la tarde, ser ejemplo de comportamiento, educar a nuestros hijos en la Palabra…

Quizás no tengamos que ir a una batalla física, pero eso no significa que no seamos soldados en una batalla más relevante. Mostremos nuestra disposición a Dios y dejemos que Él nos guíe.

viernes, julio 04, 2014

La Tempestad Viene

Lo que dice la Biblia:
Les sobreviene un diluvio de terrores; la tempestad los arrebata por la noche (Job 27:20).

No es necesario ser pesimista para entender que las tormentas son inevitables. Una enfermedad repentina, la muerte de un ser querido, un problema financiero, un conflicto con un familiar, un accidente imposible de prever… “La tempestad los arrebata por la noche…” Si bien Job estaba hablando de los impíos, aquellos a quienes no les importa Dios, las tempestades llegan incluso para los cristianos.

Es importante entender que el creer en Dios no inhibe las tormentas. Por ejemplo, todos hemos de fallecer algún día y eso implica un impacto a nuestro alrededor. Alguien nos llorará. Pero Dios no prometió eliminar las tormentas, sino darnos la paz necesaria para enfrentarlas. Esa es la diferencia. Nadie está exento de sufrir un accidente al conducir un vehículo, pero las consecuencias se minimizan si tuvimos la previsión de adquirir una póliza de seguros. De la misma manera, si nos acercamos a Dios, tendremos un respaldo para salir delante de las tormentas.

La reflexión es entonces ser previsor y acercarse a Dios antes de que lleguen los problemas. Dios nos dará: 1) sabiduría para manejar durante la tormenta, 2) tranquilidad para enfrentarla sin angustias y 3) la garantía de que las consecuencias serán mínimas. El propio Job perdió todo su patrimonio, pero al final de la historia, luego de entender a Dios, tuvo más de lo que había perdido.


No esperemos a que la tormenta llegue, sino consigamos desde ya el mejor seguro disponible en este mundo: ¡Acerquémonos hoy mismo a Dios!