miércoles, marzo 25, 2015

Él es Capaz

Amasías le preguntó al hombre de Dios: ¿Qué va a pasar con los tres mil trescientos kilos de plata que pagué al ejército de Israel? El Señor puede darle a usted mucho más que eso respondió (2 Crónicas 25:9).

Quizás recuerde el contexto de esta historia. Amasías, rey de Judá, hacía lo que le agradaba al Señor aunque no de corazón. Hoy lo llamaríamos un cristiano de fachada. Era una época en que el gran reino de David y Salomón se había partido en dos: Judá e Israel. Como sucede en muchas familias, estos reinos se enemistaron y si bien en el tiempo de Amasías no existía conflicto bélico, los habitantes de ambos reinos no se querían.

Amasías armó su ejército con 300,000 soldados de Judá y sintiendo que necesitaba más, contrató a 100,000 guerreros del reino vecino de Israel. Para ello, les dio por anticipado, tres mil trescientos kilos de plata, una suma considerable para su tiempo. Al enterarse, un hombre de Dios, fue a advertirle al rey que no usara a estos guerreros contratados o si no iba a perder el apoyo de Dios en las batallas. El primer pensamiento de Amasías fue hacia el dinero que ya había desembolsado: “¿Qué va a pasar con el dinero que ya pagué?” La respuesta del hombre de Dios es extraordinaria: “El Señor puede darle a usted mucho más que eso.”

Hay al menos dos aprendizajes en esta historia. Primero, consultar a Dios antes de hacer un desembolso considerable. ¿Tiene pensado comprar un auto o una casa? Pregunte primero a Dios. Tal vez sea exagerado orar antes de comprar un kilo de jamón, pero ¿qué tal una computadora, un celular sofisticado, una TV o un nuevo refrigerador? Oremos para tener paz al desembolsar el dinero ganado con muchos trabajos.

Segundo, no considere como una pérdida lo que entrega a Dios. El diezmo y la ofrenda no lo perjudican porque… “El Señor puede darle a usted mucho más que eso.” Quien tiene fe en Dios, sabe que Él nos tiene cubiertos. Así que no piense que podría darle un mejor uso al dinero de su diezmo y ofrenda. Confíe en Dios.

viernes, marzo 20, 2015

Lección de Humildad

James Ryle contaba una historia sobre un pájaro canadiense que quiso ser original y no viajar al sur durante el invierno. Las demás aves lo tildaron de a loco y abandonándolo, emigraron al sur. El pájaro de la historia al principio disfrutó de los días sin lo cansado de viajar, pero pronto llegó el frío fuerte y comprendió su error. Antes de congelarse comenzó a viajar al sur, pero como había comenzado demasiado tarde el viaje, solo alcanzó a llegar a Montana en los Estados Unidos cuando el frío lo paralizó y cayó casi congelado en una granja.

Una vaca de la granja, sin siquiera darse cuenta del pájaro moribundo, atinó a defecar encima de él. El pájaro moribundo solo pudo pensar que era lo último que le faltaba, que una vaca depositara sus residuos sobre él y deseó morirse. Sin embargo, la suciedad de la vaca le elevó la temperatura y lo protegió del frío, así que salvó su vida.

Por supuesto que no parece una anécdota muy pulcra, pero tiene una moraleja muy potente. Hay ocasiones que creemos que los demás nos hacen daño, nos maltratan, nos dan lo peor de sí mismos y nos hacen sentir terrible. Casi como si “defecaran” sobre nosotros. Pero vean cómo Dios cambió el mal olor en un beneficio para el pobre pajarito necio. Así Dios transforma las acciones que creemos nos hacen mal, en bien. No nos lo parece al principio, pero si somos capaces de reflexionar sobre el pasado, veremos que esto es cierto una y otra vez.

Si Dios cuida de un pobre pajarito necio (de una forma peculiar, cierto, pero implicando con ello una lección de humildad), ¡cuánto más de sus hijos!

miércoles, marzo 18, 2015

En el Fuego

Los sátrapas, prefectos, gobernadores y consejeros reales se arremolinaron en torno a ellos y vieron que el fuego no les había causado ningún daño, y que ni uno solo de sus cabellos se había chamuscado; es más, su ropa no estaba quemada ¡y ni siquiera olía a humo! (Daniel 3:27)

Quizás recuerda la historia de Sadrac; Mesac y Abednego. Tres jóvenes judíos que se opusieron a adorar la estatua dorada que había levantado el rey Nabucodonosor y como consecuencia fueron atados y arrojados al fuego. Sin embargo y para sorpresa de muchos, los jóvenes salieron ilesos del horno.

La Biblia dice: En ese momento Nabucodonosor se puso de pie, y sorprendido les preguntó a sus consejeros: “¿Acaso no eran tres los hombres que atamos y arrojamos al fuego?” “Así es, Su Majestad” le respondieron. “¡Pues miren!” exclamó. “Allí en el fuego veo a cuatro hombres, sin ataduras y sin daño alguno, ¡y el cuarto tiene la apariencia de un dios!”

Tal vez no vivamos los tiempos violentos como para que se nos arroje al fuego por desairar al rey, pero ciertamente padecemos muchos problemas que nos harían pensar que estamos en un horno atados. Familiares que nos rechazan, amigos que nos vuelven la espalda, compañeros de trabajo que se mofan o nos someten a pruebas, vecinos que abusan, etc. Ciertamente en esta vida pasaremos por muchas pruebas.

La buena noticia es que Jesús estará con nosotros en ese horno librándonos del calor y haciéndonos compañía. La Palabra dice: ¡Ni siquiera olía a humo! Quiere decir que la forma en que nos librará Jesús de los problemas es tal que ni humo quedará. ¿No es Dios maravilloso?

domingo, marzo 15, 2015

Contra Corriente

Como hijos obedientes, no se amolden a los malos deseos que tenían antes, cuando vivían en la ignorancia (1 Pedro 1:14).

¿Le ha tocado presenciar cómo un río arrastra las cosas a su paso? Se requiere una gran energía para que algo vaya contra la corriente. Por ejemplo, los salmones viajan contra corriente para llegar al lugar donde se reproducirán. Claro que lo hacen a gran costo y corriendo incontables riesgos.

El cristiano es como un salmón viajando a contra corriente del río de la vida. Las modas, los compañeros, los familiares no cristianos, están constantemente influyendo sobre él para que viaje con la corriente. Por ejemplo, la corriente natural es que los compañeros de escuela presionen a los cristianos a beber alcohol, a tener sexo, a jugar en forma violenta, a hacer trampa en los exámenes y tareas, etc. Si un joven cristiano intenta oponerse y buscar ir contra la corriente, es tildado de aburrido, mojigato o aguafiestas.

Ciertamente es difícil ir contra la corriente porque nadie quiere ser un mojigato o aguafiestas, ¿cierto? Entonces, ¿qué puede hacer el joven que busca ir contra corriente? El salmón lo logra porque tiene impreso en su cerebro una misión muy importante que lo motiva. De igual forma, los cristianos deben identificar que la misión es “ser santo” (“Más bien, sean ustedes santos en todo lo que hagan, como también es santo quien los llamó,” 1 Pedro 1:15) y con la ayuda de Dios conseguirán ir contra la corriente de este mundo.

¿Es difícil? Por supuesto, pero ¿qué mérito existe en dejarse llevar por la corriente? Lo hacíamos antes de conocer a Jesús. Ahora la misión, si decidimos aceptarla, es… “ser santo.”

viernes, marzo 13, 2015

¿Dios puede olvidarse de su gente?

Pero envió delante de ellos a un hombre: a José, vendido como esclavo. Le sujetaron los pies con grilletes, entre hierros le aprisionaron el cuello, hasta que se cumplió lo que él predijo y la palabra del Señor probó que él era veraz (Salmo 105:17-17).

¿Ha considerado alguna vez el caso de José? José recibía sueños por parte de Dios, lo que quiere decir que Dios lo consideraba como alguien especial, y aun así fue vendido como esclavo, encadenado y posteriormente incluso encarcelado. ¿Dios puede olvidarse de su gente?

En realidad Dios jamás se olvidó de José, lo estaba refinando. Si recuerda la historia de José, cuando recibía sueños por parte de Dios los presumía ante sus hermanos y mostraba un orgullo infantil. Percibiéndolo, Dios decidió domar su carácter. José pasó penurias, no porque sus sueños no provinieran de Dios, sino porque su personalidad no era acorde a la voluntad de Dios. Así como se refina el oro, Dios refinó a José y luego lo puso en un lugar de honor desde el cual salvaría a su familia.

Quizás estemos pasando por algunos problemas en nuestras vidas. Aunque puede haber muchas razones en la voluntad de Dios para permitirlos, reflexionemos por un momento si Dios no está tratando de refinar nuestro carácter o personalidad. Quizás no nos hemos dado cuenta de que poseemos un orgullo desmedido, un carácter irascible, una tibieza en nuestras decisiones, algo de desenfreno o libertinaje, falta de pasión por Dios, etc., (medite en su propia personalidad), y Dios quiere llamar nuestra atención. Recuerde que una meta sana durante nuestra vida terrenal, es que nuestro carácter refleje el de Cristo. Reflexione si está trabajando en ello.

domingo, marzo 01, 2015

Tesoro

Pues donde tengan ustedes su tesoro, allí estará también su corazón (Lucas 12:34)

¡Qué es lo que tiene usted en mayor estima? La respuesta sensata y “políticamente correcta” debería ser: Dios. Pero, siendo honestos con nosotros mismos, ¿esto es así?

Muchos de nosotros ponemos nuestro empeño en el negocio o en el empleo, argumentando que tenemos que ganarnos la vida, proveer para los nuestros o juntar dinero para el retiro. Trabajar no es malo, pero si ponemos el empeño de nuestro corazón en acumular dinero, vamos por una senda equivocada.

Hay quienes ponen su empeño en los deportes y gastan todo su tiempo libre en eventos deportivos, los hay quienes son fanáticos del cine o la televisión y pasan largas horas frente a una pantalla. Nuevamente, ver una película no es malo de por sí, a menos de que esté por encima de Dios.

Si dedicamos un tiempo razonable a estudiar la Palabra de Dios, a reflexionar sobre ella, a saborearla y ponemos empeño en seguirla, todas nuestras acciones reflejarán que nuestro tesoro es Dios. Si trabajamos, los compañeros percibirán ese brillo en nuestro carácter que sólo puede proporcionar Cristo en nuestros corazones. Si asistimos a una reunión, o a un evento deportivo, asimismo la gente a nuestro alrededor notará que somos diferentes y nosotros estaremos listos para compartir.

Si nuestro tesoro es Cristo, nuestro esfuerzo lo reflejará. Si no es así, reflexione.

jueves, diciembre 18, 2014

Residencia

Que habite en ustedes la palabra de Cristo con toda su riqueza: instrúyanse y aconséjense unos a otros con toda sabiduría; canten salmos, himnos y canciones espirituales a Dios, con gratitud de corazón (Colosenses 3:16).

He aquí un consejo sabio: “Que habite en ustedes la palabra de Cristo con toda su riqueza…” ¿Qué involucra? Que necesitamos sacarle jugo a la palabra y para ello debemos leerla, estudiarla, reflexionar sobre ella, entender lo que implica seguirla, saborearla, disfrutarla, etc. No puede residir en nosotros algo que pasó volando un domingo en particular. Para que algo tome residencia, debemos permitirle la entrada, hacerla sentir a gusto y ofrecerle toda comodidad posible.

Un viejo proverbio dice: “no puedes impedir que los pájaros vuelen sobre tu cabeza, pero sí que hagan nido en ella.” Esto normalmente es asociado con los malos pensamientos y el pecado. Por ejemplo el adulterio no surge de improviso, sino que tuvo que anidar la idea de “no pasa nada,” “todos lo hacen,” o similares, primero. No por escuchar un caso de adulterio nos vamos a permitir concebir la posibilidad de realizarlo.

Respecto a la Palabra de Cristo es lo opuesto. Debemos dejar que anide en nuestras cabezas y no se quede en un simple revoloteo. Debemos hacer un lugar especial en nuestro corazón y atesorarla. El viejo proverbio es claro en el punto de que depende de nuestra voluntad qué ideas dejamos que residan en nosotros. Ahuyentemos al pecado y alojemos la Palabra. Y recuerde que sólo puede habitar en nosotros aquello en lo que reflexionamos. ¿En qué está pensando en estos días?